
Las ventas externas se redujeron un 5% en 2025 respecto de 2024 y un 30% en comparación con 2022 y el mercado local está amesetado; las bodegas comenzaron a reducir costos
“No estamos bien”. Así describen en el sector vitivinícola una situación que se explica por una combinación de números en rojo. Cayeron las exportaciones, retrocedió el consumo interno y los precios de la uva quedaron atrasados respecto de la inflación, en un contexto de menor demanda internacional y de pérdida de competitividad por los costos logísticos, la carga impositiva y el tipo de cambio. Los datos que aportan en el sector arrojan que los envíos al exterior de de vino fraccionado bajaron cerca de 30% desde 2022, el consumo interno cerró el año en torno a los 770 millones de litros y el kilo de uva se pagó entre 350 y 500 pesos, prácticamente en los mismos valores desde hace tres años.
El economista Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino, su director, unidad ejecutora de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) explicó que lo ocurrido en 2025 debe leerse como la continuidad de un proceso negativo que comenzó en 2023, más que como un hecho aislado. En ese marco, señaló que el año volvió a mostrar un desempeño flojo para el sector, con el mayor impacto concentrado en las exportaciones de vino fraccionado, el principal producto que Argentina coloca en el exterior. “La verdad que no es un buen año”, resumió, al referirse al balance del último período.












