
En la tarde de este sábado, Emilia Díaz, acompañada por su familia, volvió a reunir a los niños de la Villa Cabecera para compartir el tradicional chocolate que, año tras año, mantiene vivo un sueño que nació de la mano de su padre, Mario Díaz. Está vez tuvo un significado más especial, se cumplieron 10 años de esta celebración, que lleva su nombre en homenaje a quien fuera su creador.
Lo que comenzó como un proyecto familiar, nacido del esfuerzo y el sacrificio de Mario, hoy se convirtió en una tradición que reúne a niños, familias y vecinos en una jornada llena de alegría, solidaridad y emoción.

“Todo empezó con el sacrificio de mi padre, que siempre le gustó luchar por todo. Luego seguimos los dos juntos, hasta que un día le tocó partir al cielo. Me duele el alma y nadie sabe el sacrificio que hago para poder realizar este festejo todos los años”, expresó Emilia con profunda emoción.
A pesar de la ausencia de su padre, Emilia decidió continuar con aquel sueño que ambos compartieron. “Él ya no está, pero de algo estoy segura: con mi familia jamás dejaremos caer algo que fue un sueño de él y que nos dejó. Hoy lo llevo adelante como él me enseñó, con muchísimo amor. Por eso nunca debemos bajar los brazos. Queremos demostrar que todos podemos y que, si estamos juntos, todo es posible”, afirmó

Con orgullo y gratitud, Emilia destacó la importancia de poder compartir esta celebración con toda la comunidad: “Me siento profundamente orgullosa y agradecida de poder compartir esta alegría con los vecinos, con nuestra familia y, especialmente, con nuestros niños, a quienes hoy estamos celebrando”.
Después de una década, el chocolate “Mario Díaz” continúa creciendo y sumando nuevas propuestas para que las familias puedan disfrutar de una tarde especial. Los más pequeños participaron de juegos recreativos, maquillaje artístico, recibieron regalos y disfrutaron de la presencia de magos, entre muchas otras actividades que cada año se incorporan para hacer de esta jornada una verdadera fiesta familiar.
Emilia también expresó su agradecimiento a todas las personas e instituciones que, durante estos diez años, hicieron posible que esta tradición pudiera continuar y crecer. Entre ellos, destacó especialmente a su amiga y referente política, Emeli Nuñez; al diputado Gustavo Nuñez; al intendente de Santa Lucía, Juan José Orrego; a los concejales Belén Lencina y Daniel Bazán; al Ministerio de Turismo y Cultura, la Secretaría de Deportes, el Ministerio de Familia y Desarrollo Humano y Tractores Díaz de 9 de Julio.

También dedicó un reconocimiento muy especial a su familia, que la acompaña de manera incondicional y le brinda la fuerza necesaria para seguir adelante con esta iniciativa. En particular, agradeció a su esposa, Aldana Velázquez, por estar siempre a su lado y acompañarla en cada paso de este camino.
Diez años después, aquel sueño que comenzó con Mario Díaz sigue más vivo que nunca. Cada sonrisa, cada juego y cada niño que disfruta de esta celebración representa la continuidad de un legado construido con esfuerzo, solidaridad y, sobre todo, amor.
Porque algunas personas parten, pero sus sueños permanecen. Y el de Mario sigue creciendo cada año en el corazón de una comunidad que, junto a Emilia y su familia, se niega a dejarlo caer.



























