La historia de Federico Elizondo y Nicolás Marinero es la prueba de que los sueños que nacen en una charla entre amigos pueden convertirse en un destino de vida. Lo que comenzó como una idea al aire libre en el Río Las Tumanas, hoy es una travesía continental: unir San Juan con Alaska en bicicleta.
Una amistad forjada en el Barrio Foeva
Federico y Nicolás no son extraños a los desafíos compartidos. Se conocen desde hace 17 años, cuando los picaditos y las tardes en el Barrio Foeva sellaron una amistad que hoy los lleva a cruzar fronteras. “Tenemos un grupo de amigos muy grande que nos apoya desde el minuto cero, al igual que nuestras familias”, cuentan emocionados.
Para costear esta aventura, ambos pusieron a trabajar sus oficios. Federico es pintor y Nicolás lidera “Serigrafía Calamar”, un taller que ha sido el motor económico para equiparse y lanzarse a la ruta. Si bien para sus familias la noticia fue sorpresiva, el apoyo fue total una vez que comprendieron que para ellos, este viaje es mucho más que unas vacaciones: es una forma de vida.
El itinerario: de Cuyo al techo del mundo
La planificación les llevó nueve meses de preparación intensa. No solo se trató de trazar rutas, sino de conseguir el equipo técnico necesario para vivir a la intemperie. Fue así como lograron el respaldo de Top Mega, una marca nacional que confió en el desafío y les entregó dos modelos Thor para encarar los miles de kilómetros.
El viaje comenzó atravesando la Argentina hacia el Norte. “Elegimos ir desde San Juan hacia La Quiaca para conocer y compartir las costumbres de nuestras provincias, para después conocer la mayoría de países y culturas posibles hasta llegar a Alaska”, explican sobre su hoja de ruta.















