Luego de conocerse la muerte de un bebé en San Juan que había sido diagnosticado con Síndrome de West, una enfermedad neurológica poco frecuente, volvieron las consultas en torno a esta patología que afecta principalmente a lactantes durante el primer año de vida.

El Síndrome de West es una forma grave y rara de epilepsia infantil que, en la mayoría de los casos, se inicia antes de los 12 meses. Se caracteriza por una tríada clínica específica: espasmos musculares involuntarios y repentinos, un patrón electroencefalográfico caótico denominado hipsarritmia y un retraso o regresión en el desarrollo psicomotor.
Se trata de un tipo de epilepsia, es decir, una condición que afecta al sistema nervioso. Los especialistas la consideran una verdadera emergencia médica, ya que el diagnóstico y tratamiento tempranos son determinantes para mejorar el pronóstico. Sin una intervención oportuna, puede generar secuelas irreversibles en el neurodesarrollo del niño.
Cada 10 de abril se conmemora el Día Mundial del Síndrome de West, también conocido como síndrome de espasmos epilépticos infantiles (EEI), con el objetivo de visibilizar esta enfermedad neurológica epiléptica poco frecuente que aparece, sobre todo, en los primeros meses de vida.
La patología se manifiesta a través de espasmos musculares que suelen presentarse en series, alteraciones en el electroencefalograma (EEG) y un compromiso en el desarrollo cognitivo y motor de los niños afectados.
“Muchas veces, los espasmos epilépticos se confunden con cólicos, sobresaltos o reflejos normales del lactante. Por eso es muy importante que padres, madres y pediatras estén atentos a cualquier movimiento repetitivo, especialmente si ocurre en serie, con flexión de tronco o extremidades, sobre todo al despertar o al quedarse dormidos”, detalló la especialista.

Además, remarcó que “el síndrome de West es una urgencia neurológica pediátrica. Cuanto antes se diagnostique y se inicie el tratamiento, mejores serán las posibilidades de desarrollo del niño o niña”.
En ese sentido, señaló que la terapia cetogénica puede ser una herramienta valiosa dentro del abordaje integral, siempre con el acompañamiento de equipos especializados y el compromiso de las familias. “Puede marcar la diferencia”, concluyó la profesional.













