
La situación es compleja, a medida que pasa el tiempo se agrava aún más y aparecen puntos de venta de estupefacientes permanentemente como si fuesen caramelos.
9 de Julio tiene villa cabecera, Las Chacritas, La Majadita, Colonia Fiorito, Alto de Sierra, Dibella, Este Rincón Cercado.
En cada distrito tienen un vendedor y en las zonas urbanas como Chacritas y villa cabecera en un barrio existe una familia que vende y así pasa en todos los barrios, como si fuese una zona libre de venta.
No existe ningún tipo de control por parte de ninguna fuerza de seguridad, ni policía de San Juan, Federal, Gendarmería ni alguna otra que haga de esto un control, el cual al menos en este departamento no existen los controles.
El horario de venta es las 24hs. Con entrega en los domicilios de los que venden y también con servicio de delivery con entrega puerta a puerta.
Quienes venden y quienes compran lo hacen sin ningún tipo de inconvenientes porque saben que la policía no se mete.
Plazas, plazoletas, costados de canales, calles solitarias, es común encontrar a personas fumando o consumiendo drogas.
Lo más fuerte ocurrió durante el 2025 un menor de edad vendía drogas en una escuela secundaria como si fuesen chupetines, hasta que los directivos detectaron el caso y lograron detener esta situación.
Se le solicito al secretario de seguridad de la provincia Enrique Delgado algún tipo de acción, en ese momento estaba en campaña política legislativa y prometió un conversatorio con los vecinos algo que jamás ocurrió.
“Desde las comisarias la comunicación de los comisarios a cargo es nula, no hablan, no declaran y tampoco dan a conocer si realizaron algún tipo de acción.”
El promedio de los consumidores es amplio, comienza desde los 12 años hasta personas de 60 años de edad, pasan a comprar drogas como si nada.
Una gran cantidad de vecinos nos aportaron audios, mensajes chat de WhatsApp, videos y fotos de cada uno de los domicilios donde se venden drogas y la cantidad es preocupante y muy triste porque según datos médicos esto impacta directamente en la madurez y el desarrollo educativo de quienes consumen.
Este informe lo acompañamos con la denuncia pertinente realizada en la jurisdicción de turno correspondiente de la justicia de la provincia.
La adolescencia trae con frecuencia comportamientos desadaptados que, a menudo, se consideran “cosas de la edad”. No obstante, pueden ser expresión de un problema mayor y más complejo denominado Trastorno de Conducta (TC). El abuso de sustancias es, a menudo, una característica asociada al Trastorno de Conducta, lo que conlleva un pronóstico peor y más complejo.
«el cannabis se asocia a la aparición de trastornos mentales, siendo especialmente significativo y grave en los trastornos psicóticos».
Incluso apunta que padres con formación universitaria suelen quedarse perplejos cuando se les revela en los servicios hospitalarios que, tras una obsesión compulsiva o un brote esquizoide, se suele esconder una adicción al cannabis. Es más, al cabo del año, alrededor de quinientos jóvenes sufren en Argentina trastornos psicóticos por fumar porros.
Su consumo aumenta más de cinco veces el riesgo de padecer esquizofrenia a lo largo de la vida. Cuanto antes se comienza a consumir y más frecuente es el consumo, mayor es el riesgo.
Cuando esos adolescentes que debutan con 12-13 años en el consumo de cannabis llegan a los 19-21 años, se han convertido ya en consumidores habituales. ¿Qué ocurre entonces? ¿A qué riesgos se enfrentan?
- El hecho de fumarse sin filtro, aspirando profundamente el humo, reteniéndolo en los pulmones y apurándolo hasta el final, favorece enfermedades como la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar o el cáncer de pulmón. Además, su efecto broncodilatador potencia la absorción de sustancias tóxicas.
- Altera el sistema cardiocirculatorio, provocando taquicardia, por lo que las personas con hipertensión o insuficiencia cardiaca pueden sufrir un empeoramiento de su sintomatología.
- El consumo habitual de cannabis durante largos períodos de tiempo se asocia a alteraciones en la atención, la concentración y la memoria, lo que obstaculiza el aprendizaje. La utilización habitual de esta droga se asocia en numerosas ocasiones a un elevado fracaso escolar y al abandono de los estudios.
- Algunos estudios señalan que estos déficits se normalizan progresivamente tras el abandono del consumo, llegando prácticamente a su nivel premórbido en torno a las 4 semanas de abstinencia.
- Algunos autores han descrito, en consumidores de cannabis de larga evolución y grandes cantidades, la existencia de un síndrome amotivacional, consistente en anergia y abulia con importante limitación en su actividad diaria. El cuadro remite con la abstinencia mantenida de la sustancia.
- Además, el consumo crónico de cannabis se asocia a la presencia de trastornos mentales (trastornos ansiosos y depresivos y esquizofrenia). Como hemos apuntado más arriba, es especialmente relevante la asociación entre el consumo de cannabis y el desarrollo de psicosis.
Como puedes comprobar, los porros, el cannabis, no es en absoluto una “droga blanda”. Por eso es de extraordinaria importancia abordar el problema a tiempo, ahorrándonos las consecuencias orgánicas, psicológicas y familiares de un Trastorno de Conducta originado y/o potenciado por un consumo elevado de cannabis.
















